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lunes, 23 de marzo de 2020

De la lengua antigua que nos mece en sueños

A veces me digo
que toda la poesía ya ha sido escrita
que quién soy yo para bucear en los adentros
para despertarte algo
para profanar los ministerios
si ya conocemos las miserias, el amor
(el amor sí puedo verlo en vuestras manos
aunque ni vosotros podáis hacerlo)
pero son antiguos los mandamientos,
la carne
los ecos.

Luego caigo y recaigo
en que sigue habiendo un idioma
algo que quiere ser nombrado,
aunque ya lo fue en otro tiempo
pero que sigue hablando
nuevo incendio, agua nueva
y las mismas flores que dibujábamos con compás
tienen el mismo centro
y miles de hojitas de color
y miles de maneras de trazarse.

El grito adentro
lo que quiere crecer hacia afuera
no puede callarse, porque vive
desde que puso su voz sobre el mundo
como un viento suave
por eso los pechos laten;

el aire ahora pesa menos.

jueves, 19 de marzo de 2020

Movimiento

Me gustaría entender los caminos
las cruces de Santiago
las grutas
las espumas también llevan a algún sitio.

No me gusta romper cosas ni sentirlo
estoy cuidando y cuidándo-me
tienes que entender
escuchar
a las cruces de Santiago y las espumas
aunque no conozcas bien su idioma
ni tampoco entiendas el mío.

Todo irá bien
a veces las cosas cambian de sitio
pero
todo irá bien.

domingo, 15 de marzo de 2020

Pensamiento intercostal

Como si hubiera un eco adentro
tal vez un grito
- lo que falta -
donde hay que poner luz
- lo que pasa -
donde la luz quiere entrar.

martes, 8 de octubre de 2019

Una prosa para Maite

Cómo te quitas el pelo de la cara y te lo guardas tras la oreja, la punta de tu nariz, tus dientes blancos llenos de espuma de cerveza, hasta tus padrastros o tu pecho hundido tres palmos por encima de un sexo que se imagina virgen pero que tú y yo sabemos que no eres virgen ya. Un día el planeta entero se reunirá ante ti para ponerle nombre a las constelaciones de tus lunares y Orión y Andrómeda y hasta la Cruz del Sur querrán bautizarse de nuevo, bañarse en el Jordán y encoger hasta caber en tu piel. Flotas sobre los tejados de Madrid y pisas de puntillas los sueños de la gente, les enredas en tus cintas, les llevarías a la luz ahora mismo si leyeran Beiro. Aquí sentadas en la terraza me pregunto cuánto de ti hay en mí ya. Te admiro tanto... Y tú mientras finges ser normal.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Tranquilos, no nos vamos a ahogar


Nos trajeron al mundo sin avisar y aparecimos en un mar oscuro/profunda noche. Toda la vida hemos tratado de nadar hacia arriba para no ahogarnos y llegar a donde tenemos que llegar a donde se supone que tenemos que llegar. Bah. La madurez emocional/el conocimiento personal/el éxtasis del futuro. Os veo nadar y nadar mientras yo floto a medio camino entre un fondo lleno de conchas blancas que son mi casa, que me protegen del mal y una superficie borrosa que se difumina como la tempera. Soy un astronauta por el que el tiempo pasa a un ritmo distinto al de los terrestres y no lo puedo evitar. Siete años por aquí, tres años por allá y de repente todos han subido/todos han crecido y han olvidado su hogar. Ahora se dirigen en barca al lugar que dicen que está lejos, al lugar donde nace lo demás/al lugar donde una parte muere. Yo quiero ir con vosotros porque he oído que si me quedo aquí para siempre se me llenarán los pulmones de agua, porque alguien me ha dicho que lo haga. Nunca he estado ahí fuera. No se como será y en verdad no se si quisiera. No sé si volveréis a buscarme pero si es así, avisadme, que estaré atenta. Quizá me salgan branquias y empiece a bucear, pero aquí mecida en el agua, me siento en tierra.



sábado, 7 de septiembre de 2019

lunes, 3 de junio de 2019

Un poema cruel

No voy a echarte de menos
no extrañaré de ti tu susurro
no sé qué piensas que soy
pero no soy ninguna de esas cosas. 

No soy tu salvación ni tu enfermedad.
No soy tu canción favorita 
tampoco la luna que asoma
para llevarte a la excusa, 
tampoco un soplo de aire fresco,
ni tu deseo infinito
ni tú viéndote a ti mismo 
despertar un domingo por la mañana 
mirarme dormida y pensar 
qué suerte tengo
o
qué desgracia tengo. 

No soy el polvo perfecto 
ni soy el ciclón ni soy nuclear
ni pura, ni especial
ni la protagonista de un videoclip de Marwan 
que se enamora 
como si se le olvidará el comer. 

No soy nada de eso. 

Tampoco tengo en los dedos las tijeras
que podrían cortarte las cadenas, 
ésas son tuyas 
y deberías hacerte cargo de su peso
deberías comprarte una tenaza 
o una motosierra 
o algo que corte tanto
como algunas contestaciones que me das
y romperlas. 

Que yo no tengo la culpa de no acordarme
de por quién escribo cada cosa
ni de no poder olvidar que tus besos siempre saben a lo mismo
y que sigues oliendo igual.

Y ya qué más me da 
si el pensamiento circular 
no lleva a ningún sitio
porque muchas veces pienso que
no lleva a ningún sitio.
O si tal vez, no lo sé, 
soy como esa nieve negra y sucia 
que gira en el agua y se hunde, se hunde.

Y se me acaban las metáforas 
y las maneras de decirte 
que yo no quiero que me quieran
ni ser la posesión a modo de jarrón 
de alguien que decora su sala de estar
llenándolo de cosas que en el fondo no quiere
tampoco quiero que tú quieras todas esas cosas
porque no podrás ser feliz nunca.

Quiero que tengas muchos hijos 
y que no me invites a tu boda 
quiero que tu casa sea el remanso de paz 
el núcleo de amor que te mereces
quiero que sigas tu camino que avanza 
y no quiero ser un trozo de cristal clavado
en tus sueños que no te deja dormir 
por las noches. 

Quiero que estés bien siempre
quiero que me olvides a muerte, 
pero quiero que no nos olvides jamás
porque todos necesitamos dejar nuestra huella en el mundo en forma de obra de arte 
y perdóname por esta salvajada
perdóname por pisarte el corazón
que alguien acuna cada noche, 
no me das igual pero no puedo explicarme
necesito rebañar los huesos de eso 
y recordar cómo sabía 
y a la vez necesito un trago de agua
que me limpie la garganta 
y me recuerde que hoy no es agosto de 2009.

No te quiero como antes.
No sé cómo te quiero ni sé cómo quiero quererte.
No soy nada de otro mundo
y tampoco vivo en este.

domingo, 13 de enero de 2019

Sobremesa

Para mi padre 

Escucho cuando rompe la naranja como una explosión de vida y tú giras los ojos hacia el cielo y entonces me doy cuenta de lo vulnerable que soy cuando me alejo de alguien. Podría lanzarme a los leones por ti y sin embargo prefiero contestarte que no me importas. Se me envenena la lengua con confianza y con confianza te digo que no he visto más templanza que la tuya en el sufrir, más calma a la hora de afrontar. Nunca he entendido tu manía de llamar sin responder ni el final de tus ojos chinos de piedra iguales que los míos. Creo que eres como esa naranja que te estás comiendo: una piel dura por fuera y un montón de vida por dentro.

lunes, 7 de enero de 2019

Yo no tengo la culpa


Sé que dejé mis ruedas 
marcadas en tu pecho 
cuando me fui 
y yo no tengo nada en contra de ti, pero 
no me gusta como hieres. 

Si no puedes ver mi huella 
porque la venda te pesa cien kilos, 
si no puedes mirarte y verte 
sin un espejo,
si no puedes robarle a tu orgullo 
un segundo de tregua;

si no puedes hacer nada de eso, 
entiende que para mí 
ojalá te vieras 
como yo te veo.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Rebobinar


Hace tiempo que no vuelvo aquí, aquí que es más bien cuándo, tú ya me entiendes. 

No me digas que no has pensado en cuando éramos luz de coral, antes de sobrevivir, antes de los ciclones, antes de todo. No me digas que tú eres de piedra y  no recuerdas las manos, la voz, no me digas que el verano es un resquicio del invierno y que no te acuerdas de las tardes en el patio de alante tomando café, leyendo revistas o de las siestas en el sofá con las persianas bajadas. No me digas que no te acuerdas de cuando éramos todos uno, cuándo los padres jugaban la partida de noche, cuando nos íbamos del brazo a tirar la basura, cuando venías a buscarnos a la plaza después de cenar. No creo que la tierra haya borrado tu memoria, no creo que no sepas quién soy, no creo que el suelo se haya tragado tu amor. Necesito refugiarme en tanta gente que me falta país, necesito tanto sentirme contigo que no puedo imaginarnos en otro lugar que no sea este. Necesito llorarte cada día y cada año. Necesito mi mundo entero con todas sus piezas fundamentales, todas vivas; necesito retroceder en el túnel, necesito no salir nunca. 

No existe más dolor que yo, no existe pena más grande que la mía, no pueden desmembrarse más las ramas de este sauce, no puedo querer con más fuerza atrapar las paredes del tiempo y arañarlas y darles la vuelta hasta retroceder hasta la fecha que tú y yo estamos pensando, cuando soñar era gratis y no esperábamos la tormenta, cuando nos abrazábamos sin decirnos adiós cada día.

La tía Nuria me dijo ayer que en el fondo hemos tenido mucha suerte. Llevaba puesto tu reloj como amuleto y claro que lo usa para mirar la hora, los minutos y los segundos; pero yo sé que le da cuerda hacia atrás cuando nadie mira, por si acaso funciona. Tal vez algún día funcione.