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miércoles, 11 de septiembre de 2019

Tranquilos, no nos vamos a ahogar


Nos trajeron al mundo sin avisar y aparecimos en un mar oscuro/profunda noche. Toda la vida hemos tratado de nadar hacia arriba para no ahogarnos y llegar a donde tenemos que llegar a donde se supone que tenemos que llegar. Bah. La madurez emocional/el conocimiento personal/el éxtasis del futuro. Os veo nadar y nadar mientras yo floto a medio camino entre un fondo lleno de conchas blancas que son mi casa, que me protegen del mal y una superficie borrosa que se difumina como la tempera. Soy un astronauta por el que el tiempo pasa a un ritmo distinto al de los terrestres y no lo puedo evitar. Siete años por aquí, tres años por allá y de repente todos han subido/todos han crecido y han olvidado su hogar. Ahora se dirigen en barca al lugar que dicen que está lejos, al lugar donde nace lo demás/al lugar donde una parte muere. Yo quiero ir con vosotros porque he oído que si me quedo aquí para siempre se me llenarán los pulmones de agua, porque alguien me ha dicho que lo haga. Nunca he estado ahí fuera. No se como será y en verdad no se si quisiera. No sé si volveréis a buscarme pero si es así, avisadme, que estaré atenta. Quizá me salgan branquias y empiece a bucear, pero aquí mecida en el agua, me siento en tierra.



sábado, 7 de septiembre de 2019

lunes, 3 de junio de 2019

Un poema cruel

No voy a echarte de menos
no extrañaré de ti tu susurro
no sé qué piensas que soy
pero no soy ninguna de esas cosas. 

No soy tu salvación ni tu enfermedad.
No soy tu canción favorita 
tampoco la luna que asoma
para llevarte a la excusa, 
tampoco un soplo de aire fresco,
ni tu deseo infinito
ni tú viéndote a ti mismo 
despertar un domingo por la mañana 
mirarme dormida y pensar 
qué suerte tengo
o
qué desgracia tengo. 

No soy el polvo perfecto 
ni soy el ciclón ni soy nuclear
ni pura, ni especial
ni la protagonista de un videoclip de Marwan 
que se enamora 
como si se le olvidará el comer. 

No soy nada de eso. 

Tampoco tengo en los dedos las tijeras
que podrían cortarte las cadenas, 
ésas son tuyas 
y deberías hacerte cargo de su peso
deberías comprarte una tenaza 
o una motosierra 
o algo que corte tanto
como algunas contestaciones que me das
y romperlas. 

Que yo no tengo la culpa de no acordarme
de por quién escribo cada cosa
ni de no poder olvidar que tus besos siempre saben a lo mismo
y que sigues oliendo igual.

Y ya qué más me da 
si el pensamiento circular 
no lleva a ningún sitio
porque muchas veces pienso que
no lleva a ningún sitio.
O si tal vez, no lo sé, 
soy como esa nieve negra y sucia 
que gira en el agua y se hunde, se hunde.

Y se me acaban las metáforas 
y las maneras de decirte 
que yo no quiero que me quieran
ni ser la posesión a modo de jarrón 
de alguien que decora su sala de estar
llenándolo de cosas que en el fondo no quiere
tampoco quiero que tú quieras todas esas cosas
porque no podrás ser feliz nunca.

Quiero que tengas muchos hijos 
y que no me invites a tu boda 
quiero que tu casa sea el remanso de paz 
el núcleo de amor que te mereces
quiero que sigas tu camino que avanza 
y no quiero ser un trozo de cristal clavado
en tus sueños que no te deja dormir 
por las noches. 

Quiero que estés bien siempre
quiero que me olvides a muerte, 
pero quiero que no nos olvides jamás
porque todos necesitamos dejar nuestra huella en el mundo en forma de obra de arte 
y perdóname por esta salvajada
perdóname por pisarte el corazón
que alguien acuna cada noche, 
no me das igual pero no puedo explicarme
necesito rebañar los huesos de eso 
y recordar cómo sabía 
y a la vez necesito un trago de agua
que me limpie la garganta 
y me recuerde que hoy no es agosto de 2009.

No te quiero como antes.
No sé cómo te quiero ni sé cómo quiero quererte.
No soy nada de otro mundo
y tampoco vivo en este.

domingo, 13 de enero de 2019

Sobremesa

Para mi padre 

Escucho cuando rompe la naranja como una explosión de vida y tú giras los ojos hacia el cielo y entonces me doy cuenta de lo vulnerable que soy cuando me alejo de alguien. Podría lanzarme a los leones por ti y sin embargo prefiero contestarte que no me importas. Se me envenena la lengua con confianza y con confianza te digo que no he visto más templanza que la tuya en el sufrir, más calma a la hora de afrontar. Nunca he entendido tu manía de llamar sin responder ni el final de tus ojos chinos de piedra iguales que los míos. Creo que eres como esa naranja que te estás comiendo: una piel dura por fuera y un montón de vida por dentro.

lunes, 7 de enero de 2019

Yo no tengo la culpa


Sé que dejé mis ruedas 
marcadas en tu pecho 
cuando me fui 
y yo no tengo nada en contra de ti, pero 
no me gusta como hieres. 

Si no puedes ver mi huella 
porque la venda te pesa cien kilos, 
si no puedes mirarte y verte 
sin un espejo,
si no puedes robarle a tu orgullo 
un segundo de tregua;

si no puedes hacer nada de eso, 
entiende que para mí 
ojalá te vieras 
como yo te veo.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Rebobinar


Hace tiempo que no vuelvo aquí, aquí que es más bien cuándo, tú ya me entiendes. 

No me digas que no has pensado en cuando éramos luz de coral, antes de sobrevivir, antes de los ciclones, antes de todo. No me digas que tú eres de piedra y  no recuerdas las manos, la voz, no me digas que el verano es un resquicio del invierno y que no te acuerdas de las tardes en el patio de alante tomando café, leyendo revistas o de las siestas en el sofá con las persianas bajadas. No me digas que no te acuerdas de cuando éramos todos uno, cuándo los padres jugaban la partida de noche, cuando nos íbamos del brazo a tirar la basura, cuando venías a buscarnos a la plaza después de cenar. No creo que la tierra haya borrado tu memoria, no creo que no sepas quién soy, no creo que el suelo se haya tragado tu amor. Necesito refugiarme en tanta gente que me falta país, necesito tanto sentirme contigo que no puedo imaginarnos en otro lugar que no sea este. Necesito llorarte cada día y cada año. Necesito mi mundo entero con todas sus piezas fundamentales, todas vivas; necesito retroceder en el túnel, necesito no salir nunca. 

No existe más dolor que yo, no existe pena más grande que la mía, no pueden desmembrarse más las ramas de este sauce, no puedo querer con más fuerza atrapar las paredes del tiempo y arañarlas y darles la vuelta hasta retroceder hasta la fecha que tú y yo estamos pensando, cuando soñar era gratis y no esperábamos la tormenta, cuando nos abrazábamos sin decirnos adiós cada día.

La tía Nuria me dijo ayer que en el fondo hemos tenido mucha suerte. Llevaba puesto tu reloj como amuleto y claro que lo usa para mirar la hora, los minutos y los segundos; pero yo sé que le da cuerda hacia atrás cuando nadie mira, por si acaso funciona. Tal vez algún día funcione.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Tengo el corazón escuchando

Me oigo a lo lejos como un murmullo lejano.
Tranquila que ya te he visto.
Tranquila que te voy a dejar salir.

Estás en las vísceras donde naciste 
y te remueves y acabas de despertar 
y yo te he escuchado rugir 
y ya no puedo ni quiero callarte.

Has saltado desde el tejado
y puedes y sabes flotar, levitar.
Qué maravilla tenerte, mirarte.

Qué injusto sería apagarte
qué locura no invitarte a la fiesta.
Qué manía tienes de romperte 
y de romperme la cabeza.

Haremos equilibrios sobre el papel
buscando el epicentro, el metal.
Dividiendo aquello que sume, 
buceando al fondo del mar.

Que ya no puedo ni quiero callarte.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Cuando se congeló el tiempo

Ocurrió un amanecer de septiembre, sobre las cinco de la mañana. No dormí nada en toda la noche y soñé con una camilla de hospital y tus manos hinchadas y heladas. Yo sólo repetía: abuelo, ¿por qué estás tan frío, por qué estás tan frío? Tú me soltabas la mano despacio y te emborronabas como una acuarela empapada por el agua. De repente me desperté en la cama de mi hermano con una anguila retorciéndose en mi corazón, pero el mundo en calma. Cuando pensaba que todo había sido sólo un mal sueño, una cena pesada, la incertidumbre clavándose en mi centro como un puñal, sonó el teléfono. Las cinco y diez: la hora exacta en la que se congeló el tiempo. Y yo, que no sabía que acababas de despedirte de mí para siempre,  salí fuera y fumé y fumé en la terraza, pidiéndole al cielo que no te llevara, envuelta en una manta de cuadros como un rollito de primavera sentada en una silla de playa.


lunes, 10 de septiembre de 2018

La disculpa

Puede que al final tengas toda la razón y tú y yo no seamos más que zumo de granadina que se desliza entre las manos de los enamorados temporales cuando se besan en una discoteca; desconocidos que hacen como que se conocen de toda la vida mientras se abren en canal. Puede que tú y yo no seamos más que un "te acompaño hasta el tren y un café" , un "te dejo aquí bajo la lluvia y nuestros paraguas amarillos" y un "perdóname por hacerte pensar lo que no era, de verdad, perdóname por hacerte ver lo que no era." 

Cuando me dé el último baño y la sal ya no se quede pegada a mi piel y los números indiquen otra latitud que no era la tuya, me perdonarás entonces por pensar que podríamos protagonizar una canción de indie corriendo como locos por Gran Vía para luego estallar en alguna esquina de la ciudad. Me perdonarás también por estar viva y por sonreír sin respirar. Hoy me vas a perdonar a mí por abrazarme a tus costuras cuando nadie me quiso. 

lunes, 20 de agosto de 2018

Desde la baranda



Hay un rincón en el tiempo donde se respira hasta el olor de las estrellas, el dolor de todas ellas. Todos tus amigos pensarán que estás loco por amar un lugar tan vacío y hecho de aire, lleno de cosas que se apagan y se clavan en el centro de los ojos. Pero tienes tus manías y estarías de por vida echando agua a tu raíz. Porque igual que viene luego el invierno sin la paz que tanto dabas, con los días descontados ya quemados en la pira del verano, solo queda esperar un nuevo ciclo lunar que nos devuelva a esa inercia que te deja con la tripa revuelta y el corazón brillando en un puño.