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lunes, 28 de noviembre de 2011

Nadie quiere que los muertos despierten.


''Unos rostros grisáceos se agolpan alrededor de las hojas rojas de la flor de Navidad. Los fantasmas quieren saborearme. Sus manos salen como serpientes hambrientas, con los dedos extendidos. Camino deprisa, alejándome de esas sombras pegajosas. Cuando paso por debajo de una farola, la bombilla estalla y distingo el aroma a azúcar quemado. Ha venido a buscarme, conocía mi escondite y me ha encontrado.

Es ella. Es ella.

Echo a correr por la larga calle que conduce al velatorio, un paso por delante de los anzuelos que ella me arroja.''

Frío, L. Halse Anderson. 

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