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lunes, 16 de abril de 2012

Los ángeles de la guarda se cuentan a pares.

Mirábamos a las personas a los ojos cuando caminábamos por la acera. Tratábamos de imaginar sus nombres, sus apellidos, si les gustaba o no el chocolate, montar en bici y dar paseos por la playa, o si preferían los caballos, el queso roquefort y las películas de miedo.

-''Claramente,- me decía- aquel de la gabardina azul tiene los ojos tristes porque es viudo desde hace poco. Tiene dos hijas, ¿lo sabías? María y Jimena. Las quiere mucho, pero, ¿no ves como lee el periódico de atrás a adelante? Es muy impaciente, y  empieza por las páginas del final porque quiere saber cómo termina la noticia. Por eso ha quedado con Mariana, la recepcionista de su empresa, para tomar un café, hablar de ellos dos y así conocer el final de una historia que aún no ha empezado.''
Yo le miraba y asentía con la cabeza.
-''Y aquel, ¿lo ves? Está pidiendo dinero en la puerta de la iglesia, sí, y puedes pensar que lo gastará en vicio y cosas inútiles....¿pero sabes por qué pide? No pide para comprar alcohol, ni comida, pues no tiene sed y se alimenta de sus sueños. Pide porque quiere construirse su propio barco velero. Sí, un barco cuyo único motor sean las ráfagas de viento. Ya ha conseguido 324,57$, y sólo necesita un empujón más para acabar de rematar la quilla.''
Yo miraba al mendigo y trataba de imaginarle dueño de su barco, de su destino...y me costaba bastante, la verdad. Pero las palabras de mi abuelo me llevaban lejos, a Cádiz, donde el mendigo de la puerta de la Almudena navegaba bajo el sol de septiembre.
+ ¿Y esa muchacha de allí, abuelo?
- ¿Aquella que está apoyada en la farola?¿La de la falda corta? Esa chiquilla de ojos verdes se llama Paola, y es la hija de un piloto de avionetas y una actriz india, por eso es tan bonita. Está apoyada en la farola porque está esperando a un príncipe azul que la lleve a recorrer el mundo de arriba a abajo. Todas las noches se imagina con él, cruzando el Mediterráneo montada en un globo aerostático de esos de colores que tanto te gustan. 
+ Y...¿y aquella mujer de allí, la del pelo blanco....esa quién es, abuelo?
- ¿Aquella? ¿La que viene hacia nosotros con un algodón de azúcar en la mano? Esa mujer tan guapa y sonriente es tu abuela, cariño.



jueves, 9 de febrero de 2012

Comodoro, mis efectos personales

Qué manera de andar tenía, qué risa tan fuerte. Yendo y viniendo, matando y viviendo. Viviendo a cualquier precio; el de su cabeza rondaba los millones de reales. 
Sal y arena en su pelo. 
La piel, el mapa de la vida: cicatrices de antiguos roces, y no precisamente de los labios de la mujer a la que amaba. Porque entre todas las putas del reino, sólo una supo enredarle con su mirada, comprarle con su sonrisa y beberse sus te quieros. Ella se ancló a su alma y salió corriendo. Desapareció para siempre.
Por eso él la buscaba por todos los puertos, por eso ondeaba esa bandera en su barco. Por eso él era quién era. Descarado, cretino, mentiroso, un Don Juan y un ladrón. El ron siempre haciéndole compañía, una buena copa a tiempo salvaba a muchos de ahogarse en su propio dolor. Porque si algo era él, era un saco de dolor armado con un revólver y la sonrisa demasiado bien puesta. Y bien lo sabía: la sonrisa se lleva por fuera, y el dolor se lleva por dentro, en una esquina donde nadie lo vea.


Porque ante todo, un pirata es fuerte, más que fuerte, un pirata es un pirata.