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lunes, 3 de junio de 2019

Un poema cruel

No voy a echarte de menos
no extrañaré de ti tu susurro
no sé qué piensas que soy
pero no soy ninguna de esas cosas. 

No soy tu salvación ni tu enfermedad.
No soy tu canción favorita 
tampoco la luna que asoma
para llevarte a la excusa, 
tampoco un soplo de aire fresco,
ni tu deseo infinito
ni tú viéndote a ti mismo 
despertar un domingo por la mañana 
mirarme dormida y pensar 
qué suerte tengo
o
qué desgracia tengo. 

No soy el polvo perfecto 
ni soy el ciclón ni soy nuclear
ni pura, ni especial
ni la protagonista de un videoclip de Marwan 
que se enamora 
como si se le olvidará el comer. 

No soy nada de eso. 

Tampoco tengo en los dedos las tijeras
que podrían cortarte las cadenas, 
ésas son tuyas 
y deberías hacerte cargo de su peso
deberías comprarte una tenaza 
o una motosierra 
o algo que corte tanto
como algunas contestaciones que me das
y romperlas. 

Que yo no tengo la culpa de no acordarme
de por quién escribo cada cosa
ni de no poder olvidar que tus besos siempre saben a lo mismo
y que sigues oliendo igual.

Y ya qué más me da 
si el pensamiento circular 
no lleva a ningún sitio
porque muchas veces pienso que
no lleva a ningún sitio.
O si tal vez, no lo sé, 
soy como esa nieve negra y sucia 
que gira en el agua y se hunde, se hunde.

Y se me acaban las metáforas 
y las maneras de decirte 
que yo no quiero que me quieran
ni ser la posesión a modo de jarrón 
de alguien que decora su sala de estar
llenándolo de cosas que en el fondo no quiere
tampoco quiero que tú quieras todas esas cosas
porque no podrás ser feliz nunca.

Quiero que tengas muchos hijos 
y que no me invites a tu boda 
quiero que tu casa sea el remanso de paz 
el núcleo de amor que te mereces
quiero que sigas tu camino que avanza 
y no quiero ser un trozo de cristal clavado
en tus sueños que no te deja dormir 
por las noches. 

Quiero que estés bien siempre
quiero que me olvides a muerte, 
pero quiero que no nos olvides jamás
porque todos necesitamos dejar nuestra huella en el mundo en forma de obra de arte 
y perdóname por esta salvajada
perdóname por pisarte el corazón
que alguien acuna cada noche, 
no me das igual pero no puedo explicarme
necesito rebañar los huesos de eso 
y recordar cómo sabía 
y a la vez necesito un trago de agua
que me limpie la garganta 
y me recuerde que hoy no es agosto de 2009.

No te quiero como antes.
No sé cómo te quiero ni sé cómo quiero quererte.
No soy nada de otro mundo
y tampoco vivo en este.

domingo, 13 de enero de 2019

Sobremesa

Para mi padre 

Escucho cuando rompe la naranja como una explosión de vida y tú giras los ojos hacia el cielo y entonces me doy cuenta de lo vulnerable que soy cuando me alejo de alguien. Podría lanzarme a los leones por ti y sin embargo prefiero contestarte que no me importas. Se me envenena la lengua con confianza y con confianza te digo que no he visto más templanza que la tuya en el sufrir, más calma a la hora de afrontar. Nunca he entendido tu manía de llamar sin responder ni el final de tus ojos chinos de piedra iguales que los míos. Creo que eres como esa naranja que te estás comiendo: una piel dura por fuera y un montón de vida por dentro.

lunes, 7 de enero de 2019

Yo no tengo la culpa


Sé que dejé mis ruedas 
marcadas en tu pecho 
cuando me fui 
y yo no tengo nada en contra de ti, pero 
no me gusta como hieres. 

Si no puedes ver mi huella 
porque la venda te pesa cien kilos, 
si no puedes mirarte y verte 
sin un espejo,
si no puedes robarle a tu orgullo 
un segundo de tregua;

si no puedes hacer nada de eso, 
entiende que para mí 
ojalá te vieras 
como yo te veo.