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domingo, 23 de septiembre de 2012

Que tú fuiste mi primera combustión.

La misma canción sonando una y otra vez en mi iPod. Y otra vez. Y una más. Siempre me prometo que la siguiente será la última, pero en realidad estoy esperando con ganas que empiece otra vez a sonar la misma melodía, la misma voz, la misma letra. Como en todo, los patrones se repiten. El sol sale por el Este y se pone por el Oeste, y así será hasta que un día se esconda para siempre. Uno hace la cama por la mañana para deshacerla por la noche, hasta que un día no vuelva a dormir ahí, sobre la misma almohada. Un ciclo, un círculo vicioso de tranquilidad en el que es fácil predecir lo que vendrá después. Pero en esta noria de vida, alguien empieza un libro por el principio y lo lee, lo devora, hasta que en último capítulo de todos pone la palabra FIN. Y la tranquilidad se sustituye por curiosidad... ¿Qué libro leeré ahora?
A veces es necesario cerrar ventanas para que sople de nuevo el viento, coser heridas para sentir otras caricias, llorar una noche para sonreír todas las demás. A veces no queremos, pero es necesario despedirse...o por lo menos durante un tiempo.
Puede que lo mejor sea dejar que el tiempo decida...dejar de flotar sobre dudas infinitas para pisar futuro seguro... tierra firme. Dormir todo el invierno entre cientos de mantas y no pensar, no pensar, no pensar. Esconder los problemas en un rincón de la habitación a principios de septiembre para que, con un poco de suerte, en abril no haya nadie que los encuentre. Que hayan desaparecido, que se hayan esfumado todos los dolores de cabeza.
En abril, con un poco de suerte, la lluvia habrá apagado las chispas, quedará un poco lejos cuando me incendiabas y ya....soplarán las cenizas, volarán las cenizas. 






domingo, 2 de septiembre de 2012

Algún día lo seremos, algún día lo fuimos.

Todo el mundo habla de la felicidad porque la están buscando como locos. Pero no se dan cuenta de que aquellas personas que son felices no hablan del tema, puesto que no saben que lo son. Y claro está, la felicidad la coges con las dos manos cuando dejas de preocuparte por encontrarla; cuando ella sola llama a tu puerta y te da los buenos días y un café calentito. Cuando no sepas que eres feliz, lo serás.


Estoy contigo aunque estés lejos de mi vida por tu felicidad a costa de la mía.


lunes, 13 de agosto de 2012

De haberlo sabido...


Érase una vez dos personas que no podían compartir un metro cúbico de aire sin que les faltara el oxígeno. No podían mirarse sin arañarse el alma, ni compartir una silla donde apoyar los pies, ni rozarse siquiera sin recordar todo lo que fueron. Nadie apagó el incendio que les separaba, nadie cosió sus heridas, nadie cerró con llave la Calle del Olvido y nadie barrió los restos de ayer que quedaron esparcidos por el suelo. Cada uno rehizo su vida a su manera lejos de la sombra del otro. Pero olvidaron olvidar, y cada vez que volvían a verse una nube de polvo del pasado les envolvía a los dos. Se quedaban hipnotizados con la mirada del otro, se decían todo sin decirse nada. Jugaban a ser amigos delante de los demás, pero por dentro se morían por salir corriendo en direcciones contrarias. Cuantas más ganas tenían de encontrarse, más rápido pasaba el tiempo que invertían juntos. Él se escondía para que ella pudiera ir a buscarle, y ella le dejaba mensajes escritos en el aire. Nadie lo entendía, ni ellos mismos lo entendían; pero por una extraña razón se necesitaban. Como Peter Pan necesita a Garfio, y viceversa; y si uno no mata al otro es porque están hechos de la misma pasta y se necesitan para que continue el cuento. Eran completamente opuestos. Dulce y salado. Frío y caliente. Norte y Sur. Pero como todo el mundo sabe, los polos opuestos se atraen, y se atraen tanto que nunca llegan a tocarse. Ellos se distanciaban para echarse de menos...

Podría contarte el final de la historia, pero lo cierto es que no está escrito. Y mira que me sé de memoria todos los capítulos, pero no se me ocurre como pudieron acabar estos dos. ¿Juntos? ¿Separados? Quién sabe... Qué historia más rara ¿verdad? Pero es bonita, eso seguro. ¿Te suena? A mi me suena a un sábado por la noche en el pueblo de al lado poniendo las cartas sobre la mesa, a apostarnos un tercio de cerveza, a negrita con limón, a ''se te nota en la miradaaaa que vives enamorada'', a leerte un beso en los labios y no poder dártelo. 
Tú preguntaste y yo reconocí lo irreconocible. Exploté delante tuya, y tú me abrazabas diciendo ''no llores, pequeña''. Tu aliento en mi cuello me hacía temblar. Yo te susurraba al oído que por favor me dieras media hora más para decirnos todo lo que nos habíamos guardado desde hacía dos veranos y que nos comía por dentro. Yo quería que te quedaras conmigo, pero que te fueras. Que no me soltaras nunca pero que desaparecieras. Que arreglaras mis grietas pero que me dejaras marca otra vez. Que me leyeras y me borraras. Quería respirar de tu jersey de rayas durante horas y horas, pero a la vez quería que tu olor se evaporara para siempre de mi cabeza. ¿Tú querías un beso? Yo quería dos. Deseaba que sacaras tu mano del bolsillo trasero de mis vaqueros, pero que la dejaras ahí sin moverla. Que me dieras la razón y luego me la quitaras. Quería todo y no quería nada.

Te escribo desde hace mucho, mucho antes de conocerte. Más allá de tí, más allá de mí. 
Y ahora que hemos alcanzado este equilibrio imposible, y esta soplando el turnedo; el doctor me recomienda que no me quite mi abrigo y que no esté ya más contigo. Pero me quedaré con muchas ganas de verte...porque aunque tú no lo sepas me he inventado tu nombre, y solo quiero que te vaya bonito y que seas feliz aunque no sea conmigo.




domingo, 5 de agosto de 2012

Las páginas de mi diario.

Quiero largarme lejos, lejísimos. A un iglú en medio del polo sur donde haga tanto frío que se me congelen todas las ideas absurdas que me muerden la conciencia. Y si...? Y si  nada. Pero... Pero, nada. Joder. No hay quien aguante esta sensación, y tampoco soy capaz de explicarla. Es como el batir de alas de un cuervo gigante; es ensordecedor. Como si un taladro me atravesara el corazón sin llegar a romperlo del todo; es jodidamente doloroso. Parecido a lo que se siente cuando dos lagrimas se asoman, espías, al balcón de sus pestañas; es incontrolable. Es demasiado complicada, es...¿nostalgia?

Quizá sea nostalgia, quien sabe. A mi se me clava en el pecho y no me deja respirar, me aprieta fuerte en la garganta y me obliga a cerrar los ojos. Cuando vuelvo a abrirlos, todo ha cambiado, y hoy es ayer, como si alguien  hubiera pasado las páginas de mi diario hacia atrás y volviéramos al pasado. Justo cuando reconozco mi propio recuerdo, empieza a llover a mares. Ah, ya me acuerdo. Tú y yo empapados bajo un montón de luces. Olía a tierra mojada. Tú me hiciste una pregunta y yo me quedé callada y no fuí capaz...no fui capaz de decirte que... ... da igual, ya no importa. Mañana mismo hago la maleta. No aguanto ni un segundo más aquí, necesito aire. Necesito estar sola. Necesito un cigarro. Necesito dormir. Y necesito que te vayas para siempre de las páginas de mi diario.

lunes, 30 de julio de 2012

Cincuenta millones de estrellas.

Debería haber estrellas en Madrid, como las que hay en el cielo que cubre las playas del Algarve. Cincuenta millones de estrellas que nos miren desde el aire y tú y yo tumbados en la arena. Huele a mar, y desde Orión alguien se ha ofrecido a detener el tiempo para nosotros. Toda la playa es nuestra, toda mi vida es tuya. Si me pidieras que saltara desde el acantilado más alto, yo planearía sobre las olas para aterrizar a tu lado. ¿Por qué? Pues porque no puedo negarte que me atrae la sensación de vértigo, esa que me invade cuando me apartas el pelo de la cara y sonríes de medio lado. ''¿Qué estás mirando?'' me preguntas siempre. ''¡Lo que me da la gana!'' Es una respuesta muy vaga, ya lo sé...pero nunca se me ocurre nada mejor. ¿Qué estoy mirando? A ti, claro, pero ¿el qué? Ni idea. A veces me quedo embobada con tus ojos, oscuros, un poco achinados tal vez. Buceo en tu mirada tratando de encontrar la respuesta a todas las preguntas que me hago a mí misma. Otras veces, me cuelgo de tu voz, te escucho sin interrumpirte, porque cada cosa que dices es más importante que la anterior, y tiene más sentido si sale de tu boca que si la dijera cualquier otro. Cómo te mueves, cómo respiras, cómo sonríes. Eres el único que sabe tranquilizarme, el que me roba carcajadas con un par de cosquillas, el que me chincha porque dice que ''enfadada estas más guapa, rubia''. ¿Que haría yo si te fueras? Probablemente no saltaría desde ningún acantilado, no pisaría de nuevo la arena del Algarve, no detendría el tiempo por nadie y no volvería a Madrid si desde el cielo me miran cincuenta millones de estrellas.

viernes, 6 de julio de 2012

Dan aliento a mi locura.

A los que no pueden dormir por las noches por culpa de sus demonios. A los que luchan contra sus propios precipicios. A los que sufren porque no encuentran la dirección correcta. A los que se apagan lentamente rodeados de Luna. A todos vosotros: seréis inmortales.

A los que se deslizan por calles nocturnas buscando el antídoto secreto que les devuelva un rayo de luz. A los que persiguen ese algo que nunca llega. A los que lo alcanzan y continúan vacíos por dentro. 
A los que se alejan solos, despacio, entre nubes de humo, incertidumbre y deseo. A todos vosotros:  
seréis recordados.

A los que nos cruje el alma de tanto temblar. A los que nos construimos fuertes por fuera pero somos de aire por dentro. A los que se nos borra la voz de tanto gritar en silencio. A los que soñamos despiertos. A los que dibujamos lo ideal con los ojos cerrados. A los que nos comen las dudas. A los que nos precipitamos cuesta abajo y sin frenos para chocar contra un muro de ladrillo. A los que nos hemos perdido sin brújula, mapa o guía que nos devuelva a casa. 
A todos nosotros, nos echarán de menos.




Donde nos llevó la imaginación...
tan lejos.

sábado, 2 de junio de 2012

lunes, 21 de mayo de 2012

Hasta aquí llegó el ritual de enfados y canibalismo estúpido.


No sé qué decir, qué hacer, ni qué pensar. No entiendo nada.
¿A qué estamos jugando?
Podría escuchar mil veces la misma canción, dándole vueltas y vueltas a lo mismo, con las persianas cerradas a cal y canto y sin que nadie entre en mi habitación. Recordando el significado de la palabra amistad. Amigos. Amigas. Para mí nunca morirán, eso seguro. Pero te hacen pensar. Una no es de piedra. Cuenta hasta diez. Que sí, que vale, que no hay por qué enfadarse...1,2,3...que tienen razón, y tú no...4,5,6...no le des importancia...7...más de la que se merecen...8...tú estabas bien, pues seguirás bien...9...joder que asco. 10. Alguien de ahí arriba la ha tomado conmigo. Me ha empujado bajo las Cataratas del Niágara y se ha olvidado de traerme una toalla con la que secarme. A mí me caen toneladas de agua mientras el diablo se ríe de mí. Que digan lo que quieran, que estoy haciendo un mundo de todo, que exaaageeeerooo pero olvidas que caíste y ahora es imposible deshacer lo que me hiciste. No lo entiendes, no lo entiendo ni yo.


Me exprimiré el corazón y dejaré que gotee durante un buen rato, para que todo el quiera entenderme pueda leer en las ondas que se dibujan alrededor de su latido.

Si no comprendes su mensaje, lee entre líneas, entre ondas, entre gotas. Yo ya no puedo hacer más, este más siempre resta. Yo no tengo que advertir a nadie de la que se os viene encima, porque en realidad solo va a llover durante un tiempo.
Él ha cambiado, pero no se hasta que punto sigue siendo tóxico y destructivo. Quizá tanto como antes, quizá ahora hayan cambiado los papeles, quizá solo hayáis cambiado los demás.




Sinceramente, me da igual.  

domingo, 6 de mayo de 2012

But you don't really care for music, do you?

Sí, es una gran canción.

Al principio suena una melodía añil, triste, que habla de cómo se nos escapa el tiempo entre los dedos, de cómo algunas personas se despiden para no volver, cogen un avión a la otra punta del mundo y se van. Se van. Pero también habla de cómo vuelven cuando mejor te encuentras, cuando su espacio ha sido ocupado por otro. Cuenta como esa persona se acerca otra vez pensando que todavía es lo que era, te rompe los esquemas, te saluda, te invita a un café y te mira desde el recuerdo. Sí, esa canción habla de eso. De cómo te atropella con su tristeza, envenenándote con dardos impregnados de ayer. Pero luego la melodía se vuelve blanca y crece, con fuerza, para contar cómo remontas, cómo despegas de tu piel las dudas cosidas tiempo atrás. Las notas te empujan al cielo, te dibujan frente a esa persona que ha vuelto buscando lo que era suyo y se ve como destrozas su trono, le cortas las alas y le arrancas de sus labios una disculpa. Un ''te he echado de menos''. Un ''siempre te he querido''. Un ''siempre te querré''. Recoges todos los platos rotos y todas sus palabras, y mirándole a los ojos, se lo dices, lo estabas esperando. 
Le escupes un ''llegas tarde'', y sonriendo, desapareces por la puerta de la cocina. 



Sí, es una gran canción.