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miércoles, 24 de agosto de 2016

Recuerdo de un verano

Me acuerdo de las cabañas que hacíamos cada agosto. La nuestra decidimos levantarla entre el muro de piedra del tío Juan y los cuatro árboles de alrededor. Con ramas y cuerdas hacíamos un cerco lo suficientemente grande como para caber los siete, con puerta y todo. Colocábamos unas ruedas de neumático a modo de sillones y bebíamos fanta de naranja de una cantimplora. Era la única chica y eso me gustaba. Todos me trataban bien. Cuando llovía, la cabaña se inundaba por la parte de atrás y se llenaba de barro. Carlos y Diego levantaron un muro de piedras como de medio metro, pero el agua entraba igualmente. Lo que más me gustaba cuando llovía era el tener que reconstruir la cabaña una y otra vez.

Me acuerdo de las Converse rosas que me regaló la tía Nuria y que todavía me pongo. Me acuerdo de la madre de Coral diciéndole a la mía que de mayor sería una estupenda G.E.O por eso de que siempre estaba trepando a los árboles. Me acuerdo del día que se perdió Serranillo y la abuela lloraba. Dijo que los perros de Santiago lo mataron en una pelea, pero siempre pensé que algún día aparecería por la puerta de atrás.

Me acuerdo del abuelo subiendo del huerto con un sombrero de paja y un cubo de patatas.

Me acuerdo del día que Jaime se cayó con la bici y nos quedamos sin vacaciones en la playa. Me acuerdo de sus zapatillas manchadas de sangre en el baño y de no entender nada. La abuela me dijo que estaban todos en Aranda. Cuando volvieron, Jaime solo preguntaba por su bici rota y por las vacaciones en la playa.

Me acuerdo de lo mucho que me esforzaba jugando al fútbol en las praderas para impresionarle. Nos gustábamos; siempre me pedía en su equipo. Por las noches nos tumbábamos en la carretera - por la que nunca pasaban coches - a mirar las estrellas. El asfalto estaba caliente del día, así que no pasábamos frío. Poníamos música que nos gustaba en el móvil, (posiblemente el primer móvil), y ahí nos quedábamos tumbados hasta las tres de la mañana. Una vez me dormí, media hora no más, y cuando me desperté, él me miraba muy cerca.

Me acuerdo de los bocadillos de queso con tomate.

Me acuerdo del abuelo viendo los Simpson en el salón con las persianas bajadas.


lunes, 11 de abril de 2016

Como el humo de una vela de cumpleaños

- Es bonito y arrebatador pensar que todo el miedo que teníamos guardado, empolvando nuestras cabezas, rodeándonos como una nube de abejas, se ha desvanecido como la niebla cuando entra la mañana. Como cuando soplas un recuerdo malo y lo lanzas lejos, hacia el norte, intentando que se congele para siempre. Es bonito y arrebatador asomarse al precipicio y no pensar en la caída, sino en las estupendas vistas desde arriba, en lo limpio que está el aire, en los nidos de las águilas. Sí, creo que es definitivamente bonito y arrebatador no tener miedo. - dijo ella.

- Pues yo creo que tú eres arrebatadoramente bonita. - dijo él.


miércoles, 24 de febrero de 2016

Wilder soul

Ella era terriblemente impulsiva, y es que era terrible. Tenía una fuerza animal que descansaba dormida la mayor parte del tiempo, una parte oscura que destrozaba todo a su paso por la ciudad. Una especie de lobo quizá, o un caballo desbocado, o tal vez un león de la sabana; una parte agresiva por naturaleza que también le obligaba a alejarse a veces para no hacer daño a su manada.

Pocas cosas había que pudieran despertar a la bestia; respiraba lento un millón de veces, no hacía montañas de granos de arena. La paciencia siempre fue dominante en su genética. Se envolvía las garras con papel de burbujas para evitar arañar lo que más quería, echaba a correr hacia un bosque lejano justo antes de explotar. Se ocultaba en un agujero profundo y frío donde nadie pudiera encontrarla, donde no pudiera destruir los cimientos de ninguna casa debidamente construida, de ningún corazón meramente intacto.

Pero también sabía nadar a contracorriente, trepar al árbol más alto, escalar una cima escarchada de preguntas y resolverlas todas sin titubear. Siempre sincera.

Era capaz de asumir los errores, de tragar la derrota; pero también de lanzar al vacío sus miedos, de perseguir a los monstruos que le robaban el sueño; de apostarlo todo al negro, de rastrear un guiño, de aferrarse a un rayo de luz entre las nubes, de morder por un pedazo de tierra firme en medio del terremoto. Siempre valiente.

Transparente como el cristal de roca, plagada de aristas punzantes, punzantes como la mirada que podría clavarte en el centro de tu cerebro. Quizá ella sea un pájaro de una nueva especie desconocida, con unas alas inmensas que ocultan el sol si emprende el vuelo; pero que al acariciarlas de la manera adecuada, quizá y solo quizá, se quede a dormir contigo.

Siempre desnuda de alma, siempre de alma salvaje.


martes, 26 de enero de 2016

Encadenados

El silencio de unos labios que callan
lo que los ojos gritan a voces.
Las voces de los que no apostaban
nada fuera del edredón.
El edredón que atrapa una respiración pausada
y el sonido al desabrochar un botón.
El botón de play que da comienzo
a una película subtitulada.
Los subtítulos que se pueden leer
debajo de mi cara cuando te miro.
La mirada desde dentro
que nadie más disfruta.
El disfrute de pasar una tarde
sin nada más que música.
La música de una sonrisa
que te vuelca y te enreda.
Los benditos enredos
que nos han traído hasta aquí.

Aquí y ahora,
me quedo contigo.




You can be every little thing you want nobody to know,
and you can try to drown out the street below
And you can call it love...
if you want.



lunes, 2 de noviembre de 2015

Cosidos por las venas

Cada paso que daba. 
Cada rabieta que montaba.
Cada carcajada provocada por sus carcajadas.
Cada abrazo sincero.
Cada canción de siesta.
Cada caminata por el parque.
Cada beso en la nariz.

Cada día que pasa me robáis un minuto de pensamiento. O quizá dos, o tres. O una llamada de teléfono. Si se alinean las agujas, un rato juntos. Porque así es como vamos a estar siempre, juntos, en cualquier plano dimensional. Cosidos por las venas, cosidos por el tiempo y la paciencia que me habéis brindado. 

Brindo yo ahora por vosotros, porque sigáis en el centro de mi caja fuerte donde guardo lo que de verdad me importa.

-Chin-chin.- 






lunes, 28 de septiembre de 2015

Durmiendo

Tal vez sea una cobarde por no plantarte cara de una vez y ponerte contra la espada y la pared, pero si lo hiciera, sé que apartarías la hoja afilada y me darías un abrazo de esos que te saltan los puntos de las costuras, como haces siempre. 

Por eso seguimos ahí, entre tonos de grises que se alejan de lo blanco y de lo negro; pero a la vez cerca, como fotos decoloradas atrapadas en un álbum de piel. Nos veo ahí, tumbados en la hierba respirando deprisa. O ahí, gritando en la noche más negra. Te veo a ti sentado en un banco esperando. Me veo a mí sentada en un banco perdonando. 

Nos veo, y como no dejo de verte no puedo evitar quedarme quieta. Retrasar la pregunta clave que podría llevarnos al blanco o al negro en cuestión de segundos. ¿Y si no todo depende de esos dos colores? ¿Y si en el gris estamos más a gusto? ¿Y si nadie lo comprende?

¿Y si dejamos que la luz atraviese la persiana y seguimos durmiendo? 


miércoles, 22 de julio de 2015

Ave Fénix

Se me bloquean las palabras cuando quiero explicarte cómo las arañas me trepan por las tripas y me suben hacia arriba para envolverme el corazón. 

Lo podrías haber hecho de manera elegante, o al menos incluir la discreción en tu parrilla de cualidades. O el respeto. O la empatía. O el cariño. O la confianza. O el tiempo. Tiempo es lo que ahora necesitamos para pisar el freno, vendar las heridas y barrer las cenizas de un volcán que ha cubierto nuestra playa. Y se mezclan con la arena, y ya no sé si son grises o doradas, si voy, si vengo, si me llamas, si me sueltas, si me buscas, si me encuentras, si te importo, si me alejas, si me envuelves en papel de burbujas, o si te lanzo misiles de guerra. 

Somos venenosos el uno para el otro y a la vez tan adictivos como necesarios. Imantados por las puntas de los dedos, solo queda esperar y ver si pesa más en la balanza el corazón que le pusimos y lo que nos pertenece, o las ganas de marchar. Pero eso es algo que el calendario nos lo dirá. 




miércoles, 25 de marzo de 2015

Skinny love

Una voz en mi cabeza se coló en su día en forma de canción. Recuerdo que retumbaba por todo mi cerebro y me robaba el sueño todas las noches. La etiqueté como una ''canción de invierno'', pues no era otra cosa que el invierno hecho canción. Era más que un estado de ánimo, significaba demasiadas cosas. Sólo escuchar el primer acorde y ya me abrumaban las ganas de enterrarme bajo un montón de mantas. Es lo que tienen las canciones de invierno, que durante unos segundos, son capaces de congelarte el alma. Y los segundos se prolongan y se convierten en días, y el frío de repente te atrapa. 

La voz de la canción susurraba... te dije que fueras paciente, te dije que estuvieras bien, te dije que estuvieras equilibrada... y yo era de todo menos equilibrada; y no fui paciente y tampoco estuve bien. 

Sonaba vamos amor sin futuro, aguanta el año entero...Y así nos fue, que aguantamos hasta que se nos fue de las manos. Y llegó el invierno de nuevo antes de que terminara del todo el verano. Cada uno olvida como quiere o como puede y a mí me puedes echar lo que quieras en cara menos que no lo intentara. Caí en picado desde la lanzadera de un parque de atracciones y decidí que el nuevo invierno no llevaría el título de aquella canción que me decía que fuera amable. Nunca más la volví a escuchar.

Ha pasado tiempo, dos años ya del momento en que decidí apagar el botón de reproducción automática en mi cabeza. He volado, he escuchado otras canciones, he sentido otros cosquilleos. He cruzado carreteras y me he dejado sorprender por voces nuevas, pero hoy ha vuelto aquella que me prolongaba el invierno y que durante todo este tiempo ha seguido de cerca el rumbo de mis pasos. Alguien la escribió y yo seguí su letra al pie de la misma de manera casi suicida. 

Por eso ahora se me repite la última estrofa que parece que se quiera quedar a vivir en mi piel como si fuera un tatuaje. Lo había olvidado...

Who will love you?
Who will fight?
Who will fall far behind?





jueves, 12 de marzo de 2015

Una mattina

Guardaré tu sonrisa antes de dormirte del todo
junto a unas cuantas caricias en mi espalda y ese beso en la frente.
Guardaré tus andares hasta el cuarto de baño
y la imagen de tus hombros rodeando los míos.

Guardaré los pedazos de una tarde
que acabó en un montón de cenizas a mis pies.
Que yo no paraba de temblar y tu de mirarme
con un ''no''en los labios que derrumbaría muros de hormigón.

¿Cómo quieres que me sostenga en mis razonamientos
si todavía retumba en la base de mis cimientos?

Guardaré tus manos con las mías.
Guardaré mis ojos con los tuyos, juntos,
y sus chispas, y sus miradas espías.

Guardaré todo en una maleta azul
y me iré lejos, donde no puedas alcanzarlos.

domingo, 27 de julio de 2014

Deja que sea

La música me late en el pecho como por el centro, junto al corazón. Noto como mi cuerpo vibra con cada nota, un color me inunda las venas coloreándome por dentro. Me remueve las entrañas; la música me remueve las entrañas. 

Y aquel día saltando entre la gente me sentí invencible y tan pequeña a la vez, que no sabría definirlo bien. Las letras de sus canciones me sacudían las arterias, estaban escritas para mí y yo me las sabía todas de memoria. Sus canciones contaban mi historia. Sudaban delante de mí, acariciando la guitarra, y si hubiera alargado el brazo podría haberle robado la púa al primero. Yo solo buscaba su mirada desde la segunda fila, embobada con sus patillas. Cantaba: ''no digas que no te advertí que soy peor que un tiro a quemarropa al corazón''. Tal vez lo fuera, pero a mi me daba igual, me estaba enamorando. Y seguía: ''de pequeña no aprendiste a nadar, hace poco que me lo has contado, vente y yo te enseñaré a volar mientras vienen los demás a nado'', mientras miraba hacia un punto fijo en el público. Y yo sentí celos la destinataria que escuchaba estos versos desde algún rincón de la zona VIP; joder, yo quería ser la chica de sus canciones, yo quería que me señalara desde el escenario...

Pero solo me llegaba su música, que me ponía los pelos de punta y me abatía como un huracán.

Llegó el momento y saltó al escenario la estrella, el más grande de todos y a la vez el más flaco, con la mirada perdida y aire de pirata. El que se desprendía de su música para compartirla conmigo. Me miró desde arriba con pólvora en los labios y yo me sentí la chica más especial de Madrid, y no me pude aguantar las ganas de gritar porque ojalá no mueran nunca los cantantes, ni se suelten los amantes. 

Yo no sé qué clase de duende lleva dentro, yo no sé como construye tanta magia solo con una guitarra, pero si pudiera ser la vida un eterno concierto suyo, yo firmaba ahora mismo. Porque nunca se me olvidará esa noche, cuando salí sudando de la pista de baile sintiéndome parte de algo; feliz, porque en ese concierto fui feliz. 

Y es algo complicado, algo que se te mete en las tripas, como una gran polilla aleteando sin descanso para que la música jamás deje de sonar, como un halcón que eleva el vuelo...