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miércoles, 24 de febrero de 2016

Wilder soul

Ella era terriblemente impulsiva, y es que era terrible. Tenía una fuerza animal que descansaba dormida la mayor parte del tiempo, una parte oscura que destrozaba todo a su paso por la ciudad. Una especie de lobo quizá, o un caballo desbocado, o tal vez un león de la sabana; una parte agresiva por naturaleza que también le obligaba a alejarse a veces para no hacer daño a su manada.

Pocas cosas había que pudieran despertar a la bestia; respiraba lento un millón de veces, no hacía montañas de granos de arena. La paciencia siempre fue dominante en su genética. Se envolvía las garras con papel de burbujas para evitar arañar lo que más quería, echaba a correr hacia un bosque lejano justo antes de explotar. Se ocultaba en un agujero profundo y frío donde nadie pudiera encontrarla, donde no pudiera destruir los cimientos de ninguna casa debidamente construida, de ningún corazón meramente intacto.

Pero también sabía nadar a contracorriente, trepar al árbol más alto, escalar una cima escarchada de preguntas y resolverlas todas sin titubear. Siempre sincera.

Era capaz de asumir los errores, de tragar la derrota; pero también de lanzar al vacío sus miedos, de perseguir a los monstruos que le robaban el sueño; de apostarlo todo al negro, de rastrear un guiño, de aferrarse a un rayo de luz entre las nubes, de morder por un pedazo de tierra firme en medio del terremoto. Siempre valiente.

Transparente como el cristal de roca, plagada de aristas punzantes, punzantes como la mirada que podría clavarte en el centro de tu cerebro. Quizá ella sea un pájaro de una nueva especie desconocida, con unas alas inmensas que ocultan el sol si emprende el vuelo; pero que al acariciarlas de la manera adecuada, quizá y solo quizá, se quede a dormir contigo.

Siempre desnuda de alma, siempre de alma salvaje.


martes, 26 de enero de 2016

Encadenados

El silencio de unos labios que callan
lo que los ojos gritan a voces.
Las voces de los que no apostaban
nada fuera del edredón.
El edredón que atrapa una respiración pausada
y el sonido al desabrochar un botón.
El botón de play que da comienzo
a una película subtitulada.
Los subtítulos que se pueden leer
debajo de mi cara cuando te miro.
La mirada desde dentro
que nadie más disfruta.
El disfrute de pasar una tarde
sin nada más que música.
La música de una sonrisa
que te vuelca y te enreda.
Los benditos enredos
que nos han traído hasta aquí.

Aquí y ahora,
me quedo contigo.




You can be every little thing you want nobody to know,
and you can try to drown out the street below
And you can call it love...
if you want.



lunes, 2 de noviembre de 2015

Cosidos por las venas

Cada paso que daba. 
Cada rabieta que montaba.
Cada carcajada provocada por sus carcajadas.
Cada abrazo sincero.
Cada canción de siesta.
Cada caminata por el parque.
Cada beso en la nariz.

Cada día que pasa me robáis un minuto de pensamiento. O quizá dos, o tres. O una llamada de teléfono. Si se alinean las agujas, un rato juntos. Porque así es como vamos a estar siempre, juntos, en cualquier plano dimensional. Cosidos por las venas, cosidos por el tiempo y la paciencia que me habéis brindado. 

Brindo yo ahora por vosotros, porque sigáis en el centro de mi caja fuerte donde guardo lo que de verdad me importa.

-Chin-chin.- 






lunes, 28 de septiembre de 2015

Durmiendo

Tal vez sea una cobarde por no plantarte cara de una vez y ponerte contra la espada y la pared, pero si lo hiciera, sé que apartarías la hoja afilada y me darías un abrazo de esos que te saltan los puntos de las costuras, como haces siempre. 

Por eso seguimos ahí, entre tonos de grises que se alejan de lo blanco y de lo negro; pero a la vez cerca, como fotos decoloradas atrapadas en un álbum de piel. Nos veo ahí, tumbados en la hierba respirando deprisa. O ahí, gritando en la noche más negra. Te veo a ti sentado en un banco esperando. Me veo a mí sentada en un banco perdonando. 

Nos veo, y como no dejo de verte no puedo evitar quedarme quieta. Retrasar la pregunta clave que podría llevarnos al blanco o al negro en cuestión de segundos. ¿Y si no todo depende de esos dos colores? ¿Y si en el gris estamos más a gusto? ¿Y si nadie lo comprende?

¿Y si dejamos que la luz atraviese la persiana y seguimos durmiendo? 


miércoles, 22 de julio de 2015

Ave Fénix

Se me bloquean las palabras cuando quiero explicarte cómo las arañas me trepan por las tripas y me suben hacia arriba para envolverme el corazón. 

Lo podrías haber hecho de manera elegante, o al menos incluir la discreción en tu parrilla de cualidades. O el respeto. O la empatía. O el cariño. O la confianza. O el tiempo. Tiempo es lo que ahora necesitamos para pisar el freno, vendar las heridas y barrer las cenizas de un volcán que ha cubierto nuestra playa. Y se mezclan con la arena, y ya no sé si son grises o doradas, si voy, si vengo, si me llamas, si me sueltas, si me buscas, si me encuentras, si te importo, si me alejas, si me envuelves en papel de burbujas, o si te lanzo misiles de guerra. 

Somos venenosos el uno para el otro y a la vez tan adictivos como necesarios. Imantados por las puntas de los dedos, solo queda esperar y ver si pesa más en la balanza el corazón que le pusimos y lo que nos pertenece, o las ganas de marchar. Pero eso es algo que el calendario nos lo dirá. 




miércoles, 25 de marzo de 2015

Skinny love

Una voz en mi cabeza se coló en su día en forma de canción. Recuerdo que retumbaba por todo mi cerebro y me robaba el sueño todas las noches. La etiqueté como una ''canción de invierno'', pues no era otra cosa que el invierno hecho canción. Era más que un estado de ánimo, significaba demasiadas cosas. Sólo escuchar el primer acorde y ya me abrumaban las ganas de enterrarme bajo un montón de mantas. Es lo que tienen las canciones de invierno, que durante unos segundos, son capaces de congelarte el alma. Y los segundos se prolongan y se convierten en días, y el frío de repente te atrapa. 

La voz de la canción susurraba... te dije que fueras paciente, te dije que estuvieras bien, te dije que estuvieras equilibrada... y yo era de todo menos equilibrada; y no fui paciente y tampoco estuve bien. 

Sonaba vamos amor sin futuro, aguanta el año entero...Y así nos fue, que aguantamos hasta que se nos fue de las manos. Y llegó el invierno de nuevo antes de que terminara del todo el verano. Cada uno olvida como quiere o como puede y a mí me puedes echar lo que quieras en cara menos que no lo intentara. Caí en picado desde la lanzadera de un parque de atracciones y decidí que el nuevo invierno no llevaría el título de aquella canción que me decía que fuera amable. Nunca más la volví a escuchar.

Ha pasado tiempo, dos años ya del momento en que decidí apagar el botón de reproducción automática en mi cabeza. He volado, he escuchado otras canciones, he sentido otros cosquilleos. He cruzado carreteras y me he dejado sorprender por voces nuevas, pero hoy ha vuelto aquella que me prolongaba el invierno y que durante todo este tiempo ha seguido de cerca el rumbo de mis pasos. Alguien la escribió y yo seguí su letra al pie de la misma de manera casi suicida. 

Por eso ahora se me repite la última estrofa que parece que se quiera quedar a vivir en mi piel como si fuera un tatuaje. Lo había olvidado...

Who will love you?
Who will fight?
Who will fall far behind?





jueves, 12 de marzo de 2015

Una mattina

Guardaré tu sonrisa antes de dormirte del todo
junto a unas cuantas caricias en mi espalda y ese beso en la frente.
Guardaré tus andares hasta el cuarto de baño
y la imagen de tus hombros rodeando los míos.

Guardaré los pedazos de una tarde
que acabó en un montón de cenizas a mis pies.
Que yo no paraba de temblar y tu de mirarme
con un ''no''en los labios que derrumbaría muros de hormigón.

¿Cómo quieres que me sostenga en mis razonamientos
si todavía retumba en la base de mis cimientos?

Guardaré tus manos con las mías.
Guardaré mis ojos con los tuyos, juntos,
y sus chispas, y sus miradas espías.

Guardaré todo en una maleta azul
y me iré lejos, donde no puedas alcanzarlos.

domingo, 27 de julio de 2014

Deja que sea

La música me late en el pecho como por el centro, junto al corazón. Noto como mi cuerpo vibra con cada nota, un color me inunda las venas coloreándome por dentro. Me remueve las entrañas; la música me remueve las entrañas. 

Y aquel día saltando entre la gente me sentí invencible y tan pequeña a la vez, que no sabría definirlo bien. Las letras de sus canciones me sacudían las arterias, estaban escritas para mí y yo me las sabía todas de memoria. Sus canciones contaban mi historia. Sudaban delante de mí, acariciando la guitarra, y si hubiera alargado el brazo podría haberle robado la púa al primero. Yo solo buscaba su mirada desde la segunda fila, embobada con sus patillas. Cantaba: ''no digas que no te advertí que soy peor que un tiro a quemarropa al corazón''. Tal vez lo fuera, pero a mi me daba igual, me estaba enamorando. Y seguía: ''de pequeña no aprendiste a nadar, hace poco que me lo has contado, vente y yo te enseñaré a volar mientras vienen los demás a nado'', mientras miraba hacia un punto fijo en el público. Y yo sentí celos la destinataria que escuchaba estos versos desde algún rincón de la zona VIP; joder, yo quería ser la chica de sus canciones, yo quería que me señalara desde el escenario...

Pero solo me llegaba su música, que me ponía los pelos de punta y me abatía como un huracán.

Llegó el momento y saltó al escenario la estrella, el más grande de todos y a la vez el más flaco, con la mirada perdida y aire de pirata. El que se desprendía de su música para compartirla conmigo. Me miró desde arriba con pólvora en los labios y yo me sentí la chica más especial de Madrid, y no me pude aguantar las ganas de gritar porque ojalá no mueran nunca los cantantes, ni se suelten los amantes. 

Yo no sé qué clase de duende lleva dentro, yo no sé como construye tanta magia solo con una guitarra, pero si pudiera ser la vida un eterno concierto suyo, yo firmaba ahora mismo. Porque nunca se me olvidará esa noche, cuando salí sudando de la pista de baile sintiéndome parte de algo; feliz, porque en ese concierto fui feliz. 

Y es algo complicado, algo que se te mete en las tripas, como una gran polilla aleteando sin descanso para que la música jamás deje de sonar, como un halcón que eleva el vuelo...


lunes, 10 de marzo de 2014

Tu herida

Luces, la música a todo volumen, tabaco y alcohol. Una mano en la cintura, unas palabras al oído, un beso que se aproxima. 
Una caña a las tres de la tarde en el bar de la esquina, una mano sobre su pierna. Gafas de sol, risas y un número de teléfono.
Un coche que derrapa y se detiene a eso de las 6 de la mañana. Suben la radio y la chica canta.

Es como si alguien contemplara la escena desde atrás. Siempre la misma protagonista rodeada de distintos actores. Todos se han aprendido bien el guión pero ninguno siente lo que dice, ni dice lo que siente... porque no sienten nada. Ninguno de ellos es...tú.

Yo, que parezco la más fuerte, la más segura, me resbalo entre recuerdos y me pierdo en los malos y los buenos. Yo que no quería saber de ti, siempre que puedo te robo un segundo de tu tiempo. Yo, que siempre he sabido que camino coger, que siempre he confiado en mis propios pies, me he perdido. En cambio tú, que siempre has sido el que vagaba sin rumbo, el de los ojos profundos, ahora estás cómodo y fluyes. Y me da por pensar que quizá era yo el motivo de que no estuvieras a gusto, o fueras tú, o los dos, o no sé. 

Cada uno olvida como quiere, pero sobre todo como puede. Que dos años dan para mucho y teníamos cosas tan brillantes que nunca nadie podrá devolverme. Que quizá yo esté distraída, pero es una tapadera que utilizo siempre para esconder que todavía me dueles. No es por justificar mis idas y venidas, no es por explicarme. Es porque un día te colaste en mi cabeza y ahora yo ya no puedo sacarte. Tu papel todavía sigue vacante y nadie podrá representarlo como tú lo hacías.

Da igual el tiempo que pase, da igual con quién vaya o venga si cuanto más me esfuerzo por borrarte, más fuerte me coloreas. Que todavía te oigo hablar y se me remueven las tripas, como cuando te miro y tú me miras, estoy segura de que puedes leer en mis ojos tu herida. 


¿Qué te crees? ¿Que yo no me como las paredes y los techos de mi habitación pensando en qué salió mal?
Pues ya ves, yo sigo aquí, olvidándome de ti un par de veces al día.



martes, 4 de febrero de 2014

Traduciendo acordes

No hace falta que lo digas, sé de sobra que ésta sería la canción que me hubieras escrito si tú y yo no hubiéramos sido tú y yo. Y también sé que todavía estás a tiempo de ponerte a escribir.


Parece que pueda oírte decir...

Tú me miras demasiado, como poniéndome una bala entre los ojos, no sé por qué los tienes tan negros, parece que me preguntas y que me dices cosas con solo mirarme. Un día me vas a atravesar.
Me quedo sin duda con tu imagen en la terraza, con tu mirada perdida en el horizonte, sentada de perfil, sin pensar en nada más que en el humo del cigarrillo. Me quedo con tu beso en la frente y aquella última caricia. 
Que te largues, que te arranquen de mi lado, y ojalá me odies, porque si me odias me lo pones más fácil para olvidar. Necesito olvidar. 
Quiero olvidar, quiero olvidar.
Rubia, cuéntales lo que te dí cada noche en los tejados, en los parques, en las carreteras.
Quiero olvidar, quiero olvidar. 
Y no sé si esto es lo que quiero, porque en la vida hay que elegir y no se puede ir a dos sitios a la vez; aunque existan momentos solapados en el tiempo al final solo podemos vivir uno.
Y no sé si lo voy a levantar, pero lo voy a intentar porque esto yo ya lo he vivido antes y no me fue tan mal.
Y no sé si estoy ardiendo, si tu estás igual. Baila conmigo y no te vayas a Madrid. No me sale la voz, y quiero pedirte tiempo para pensarlo todo mejor, quiero dejarte sola para qué me digas qué planes tienes, si tú por tu lado y yo por el mío, si esto lo cortamos aquí, de raíz.
Encajábamos bien, compartimos los secretos como nadie, con puntos fijos de luz en el cielo y algún que otro destello rubio del sol. 
Tú siempre serás la silueta del pecado diseñada para mí, chica léeme los labios: 
QUIERO OLVIDAR, QUIERO OLVIDAR.

Voy a apartarte, lo he decidido, tú y yo no podemos ser amigos si nunca lo fuimos. Hasta aquí, esto es un huracán, un naufragio, algo que retuerce lo de adentro. Haz lo que quieras, yo me voy, yo ya he elegido billete y destino.
Y pararé después de olvidarte, y no sé si llegaré a conseguirlo del todo, por quererlo hacer con las manos que abrieron camino.
Deja que lance un pergamino, una nota, una canción al viento, escúchame cuando te digo que solo quiero que te vaya bien; no quiero amanecer sin atarlo bien.
¿Cómo pude haber sido tan frío?

*

Y aún así te fuiste sin saber si esto era lo que querías.